La Embajadora de los Estados Unidos, Liliana Ayalde, quien culmina su misión en el país, visitó la Casa Cueto, en la cual se está realizando el trabajo de adecuación y puesta en valor para convertirla en la Casa del Bicentenario “Don Augusto Roa Bastos”, que será destinada a la literatura.
En la casa fue recibida por diputado Víctor Bogado, Presidente de la Cámara Baja, Margarita Morselli, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Bicentenario y el grupo de arquitectos y restauradores que está trabajando desde hace varios meses para recuperar la memoria histórica que allí se aloja.
De la visita también participaron el embajador de Francia Gilles Bienvenu, así como otros diplomáticos y empresarios invirtados.
La Embajadora Ayalde se mostró muy interesada en conocer un poco más del gran contenido histórico que guarda la Casa Cueto; por lo que los arquitectos Ida de los Ríos y Hugo Cataldi, encargados de la puesta en valor del patrimonio, y Carlo Spatuzza, coordinador general de la restauración interior, le explicaron los detalles del trabajo que que se realiza.
La arquitecta Ida de los Ríos comentó sobre la iniciativa de la Comisión Bicentenario de recuperar la memoria a través de los edificios de carácter histórico, “El centro de Asunción estaba muy abandonado porque se perdió el interés de preservarlo. Y el proyecto de rescate debía tener como escenario el casco histórico; y esta casa siempre estuvo en la mira, no sólo por sus propiedades arquitectónicas, sino por su valor histórico, puesto que el Mariscal Félix Estigarribia vivió aquí con su esposa, doña Julia Miranda Cueto, de ahí el nombre”, dijo.
Por otra parte, el arquitecto Hugo Cataldi, reseñó brevemente la historia de la Casa Cueto a los presentes. “Hasta la guerra del 70, estuvo asentado aquí –señalando las cuatro manzanas alrededor de la propiedad– el convento franciscano de Asunción, incluso la Plaza Uruguaya se llamaba San Francisco; luego de la contienda, se abrieron las calles y se lotearon las parcelas y se fueron quedando los vestigios del convento. En esta casa se puede ver un pedazo de la arcada original construida de adobe que no fue modificada cuando se modernizó la construcción”.
Restauración de frescos y cielorrasos
El trabajo de restauración de pinturas murales y cielorrasos es coordinado por Carlo Spatuzza y un equipo de 13 restauradores del Museo de Bellas Artes, liderado por Petrona Villagra.
Spatuzza comentó que el máximo objetivo del equipo fue mantener la integridad y la esencia de cada una de las habitaciones porque son de tiempos distintos, y debajo de una pintura, hay otras. “El mayor problema que encontramos en la restauración, fueron los frescos, que por la antigüedad, fueron perdiendo su aglutinante; por ello tuvimos que volver a fijar para luego ir descubriendo cada una de las partes, que simulaban empapelados”, indicó.
En otro momento, destacó que lo primero que se hizo antes de iniciar la restauración fue combatir las filtraciones. Y se trabajaron con pinturas acuosas, como la tempera, pigmentos y acuarelas.
Casa de la literatura “Don Augusto Roa Bastos”
La galería frontal de estilo neoclásico francés diseñada por el arquitecto Lavand, que fue construida sobre los muros de adobe del convento de los franciscanos, pretende abrir sus arcadas y rejas a los visitantes a finales de este año, permitiéndoles reconocer los espacios interiores y el patio característico de las antiguas casas asuncenas.
Según comentó Margarita Morselli, los espacios con pinturas murales serán puestas para visitas para apreciar el trabajo realizado por los artistas de la época en ese lugar. En la sala donde se conserva una parte de la arcada de adobe del convento franciscano se tiene previsto crear un espacio de proyecciones audiovisuales, y en las demás habitaciones se montará la base de una biblioteca virtual.